Por Federico Lemos.

La historia dirá que este inicio de semestre de River solo ayudó para que Franco Armani se convirtiera en el arquero con la valla invicta más prolongada en la historia de nuestro club. Nada más. Y no es un nada más que desmerezca al arquero de Casilda, lejos de eso. Por fín, el Millonario tiene un guardameta acorde a su grandeza. Ese nada más no significa no inflar el pecho ante un arquero que consiguió en 17 partidos por torneos locales lo que al más grande como Amadeo Carrizo le costó 23 años (debutó en 1945 y consiguió su record en 1968). Ese nada más es porque sabemos que somos River y nos merecemos conseguir otros objetivos también. El cero en nuestro arco nos enorgullece, el cero en el arco contrario nos apremia, nos desespera.

En este contexto, la pregunta se torna necesaria: ¿Hasta cuándo Pratto? La paciencia tiene una fecha límite con la compra más cara de nuestros 117 años: el 29 de Agosto. De cumplir con goles en el partido contra la academia, estas palabras se perderán en el olvido (y deseo de todo corazón que así sea) junto con las actuaciones pálidas del actual 9 de River. Por eso, apelo a que todos los hinchas del más grande le recemos a cualquier dios, al que se les ocurra (no importa si son creyentes o no), para que el miércoles, el Búfalo Funes se apodere del cuerpo del Oso y que por un par de horas, Pratto haga goles importantes. Perdón, reformulo: para que Pratto haga goles.

¿La delantera es el único déficit que tenemos? No, ese es solo uno de varios. El desconcierto del equipo de Gallardo se torna general. Tanto es así que hasta al propio Ponzio se lo notó dubitativo el último sábado. A todo esto, se viene Racing y el técnico tiene que rearmar planteos tácticos y principalmente espíritus ante un conjunto de Avellaneda que apostará principalmente a resguardar el cero en su arco y a salir rápido de contra para conseguir el tanto que lo posicione mejor en la llave.

En medio del affaire Zucullini-papelón de la Conmebol, los de enfrente se relamen. Justamente ellos, que en cuanto pudieron , están haciendo oficial (¿o no es así Guillermo?) el deseo que finalmente la confederación sudamericana le haga perder los puntos del partido de visitante al millonario. Hoy River es un mar de dudas, hoy River está atravesando una  tormenta de frente. El hincha de a pié lo sabe pero prefiere confiar. Está expectante aunque ve complicado que podamos repetir la gloria que hasta no hace mucho tiempo supimos conseguir.

Uno apela a la mística del Muñeco. Se enrosca pensando positivamente que el plantel se va a instalar en un hotel determinado que le da cierta suerte, que el técnico finalmente les dará una charla que les cambie el ánimo a los jugadores, que hasta se comerán esa torta de dulce de leche que mencionó el DT en la conferencia de prensa, pero con eso solo no alcanza muchachos. El crédito está, por supuesto que sí porque uno confía en la estirpe de los guerreros de mil batallas (Maidana, Ponzio –no juega pero su presencia en el plantel es determinante- y hasta el propio Gallardo) pero los que ganan o pierden estos partidos son los equipos y equipo es lo que está faltando.