Allá lejos quedó el glorioso marzo cuando le ganamos la supercopa a ellos. Pasaron cinco meses desde aquella histórica consagración y el equipo de Gallardo no logró encontrar un rumbo virtuoso. Se deseaba que aquella noche iba a ser el principio de una vuelta al ADN ganador que supo construir el entrenador en su primer año pero no fue así. Desde aquel entonces, la clasificación a la segunda ronda de la libertadores y el pase a la sudamericana 2019 son los puntos sobresalientes, puntos que nos dejan sabor a poco, a muy poco.

El panorama actual del millonario sería distinto si el equipo demostrara una intención de jugar tal como lo indica la rica historia riverplatense. Sin dudas el hincha entendería que podrían no darse las victorias, pero lo que no entendemos los hinchas es la falta de juego y creación que tiene el equipo en casi todos los partidos. Todo lleva a pensar a que en el mejor de los casos, los jugadores no logran plasmar el planteo del entrenador o que en el peor de los casos, Marcelo Gallardo no le estaría encontrando la vuelta a este plantel que defiende a capa y a espada. Sin dudas, la segunda de las hipótesis es la más preocupante.

River mantuvo casi la totalidad del plantel del primer semestre y no incorporó  a nadie. Puede afirmarse a priori, que esto es una fortaleza pero hasta ahora, se está demostrando que se arrastraron viejos vicios que parecen no tener fin. La falta de profundidad de los artifices de lo estético -Pity tiene muy buenos momentos pero por otros se disipa mientras que Quintero no logra demostrar el ciento por ciento de lo que es capaz de hacer- y la falta de efectividad de los de arriba se siguen repitiendo y no se avisora una solución a este problema. Para colmo, en el banco de suplentes no hay mucho material para tener una gran expectativa.

Pero no todas son malas en este presente. La estructura defensiva (Armani-Maidana-Pinola-Ponzio) es sólida, dan seguridad pero eso no basta para ganar partidos. Las mencionadas fallas de River se acrecientan cuando uno revisa números y ve el costo de algunos jugadores como Pratto y la promesa de Santos Borré. Esas inversiones (como tantas otras en la era D´Onofrio) no están dando los resultados esperados y el margen de maniobra se va achicando.

River no pierde hace tiempo, eso es una realidad pero no hay mucho más que eso para agregar al respecto. No perder es una virtud pero no ganar es un grave defecto para el club más grande de la Argentina. Estamos a las puertas del partido trascendental del 29 ante Racing y está en Gallardo y en los jugadores poder volver a enamorar a los hinchas o demoler mucha de la paciencia que se cimentó en esa noche maravillosa de Mendoza.